DES-CONTROL

perderte

El otro día te pregunté tu edad. No era la primera vez que nos veíamos. Probablemente, tampoco la última. Pero no sé porqué no me había surgido esta duda antes. Supongo que no me había importado mucho hasta el momento.

“24”- me dijiste con una sonrisa entre pícara y avergonzada. Recuerdo que pensé “joder, qué peque” pero en realidad no me lo pareció tanto, aunque me servía para justificar muchos radicales libres de tu comportamiento.

Lo cierto es que me tenías un poco desconcertada, porque no sabía a qué se debían esos cambios de tono, ese ir y venir sin ton ni son, ese no entenderte. No me suele pasar, lo cual también, forma parte de tu atractivo de alguna manera. Pero hoy me he despertado iluminada. De repente, no sé si debido a la fiebre o a una inspiración divina, he visto la luz. Es tu momento de experimentar.

Me he levantado con el número 24 en la cabeza y me he puesto a analizarlo. Y me he llevado un susto que flipas en este proceso de aceptación de la realidad. Resulta que con esa edad yo me parecía bastante a ti. Curraba en uno de los mejores garitos de Salamanca, acababa de sacarme la carrera, conocía a muchísima gente y manejaba bastante el cotarro. Tenía mi vida prácticamente dominada pero no estaba satisfecha, no terminaba de encajar ahí. Así que decidí venirme a Madrid, dejar de esconderme y empezar a ser yo, sin mentiras ni disfraces.

Parece que aquello fue hace un siglo… Madre mía. En sólo 5 años me he convertido en una persona completamente distinta.

Cuando llegué a la capital pensaba que todos los que se drogaban eran drogadictos, los que vestían de forma excéntrica eran unos flipados y que la gente súpertatuada estaba perdida de la vida. No me malinterpretéis, era mera incultura. Por esa época, yo sólo era una neófita que acababa de salir del cascarón. Aún me impresionaba ver a dos chicos besarse sin tapujos o a dos chicas cogidas de la mano felices sin que nadie las mirara con asombro. Madrid… Pero en el fondo de mí envidiaba con todas mis fuerzas la libertad con la que vivían, sin importarles una mierda lo que pensaran los demás. Aprovechando y disfrutando hasta el último segundo.

Es increíble cómo puede evolucionar la mentalidad de una persona a medida que experimenta cosas, cómo va normalizando situaciones que se van repitiendo en su rutina. La mayor parte de las veces me cuesta mucho volver atrás en el tiempo para ponerme en el lugar de otra gente y entender porqué ellos no ven las cosas de la misma forma que yo. Pero hoy he recordado que yo era así. Juzgando, con la mente capada y encerrada en mi mundo de color de rosa. Nunca me había salido del camino de baldosas amarillas. Vivía dentro de los parámetros establecidos, sin sorpresas, rodeada de hombres de hojalata y de leones cobardes. Lo tenía todo bien atadito, no había sobresaltos ni a penas responsabilidades. Siempre arropada por gente que me cubría las espaldas constantemente mientras no me saliera del camino… Pero no era feliz ni sincera conmigo.

Y llegó el descontrol. Y cambié. Cambié mucho. No fue de golpe y porrazo, por supuesto que no. Pero en 5 años pueden variar tannnntas cosas… Que ni sé. He vivido rápido y he amado lento. Me he enamorado ciegamente y se han enamorado de mí. Me han roto el corazón y yo he hecho añicos alguno también. Me he sentido sola y excesivamente acompañada. He conocido a la mejor gente del mundo y a lo peor de cada casa. He aprendido a estar conmigo misma y he disfrutado de estar con los demás. He estado orgullosa y he andado por el “camino de la vergüenza” en más de una ocasión. He bailado y he hocicado. He sido fiel y he tropezado con varias piedras a la misma vez. He llorado. Mucho. Más de lo que nunca hubiera imaginado, y he reído más de lo que mis abdominales podían abarcar. He estado dos días (y pico) de fiesta y también 2 días currando encerrada en un despacho. He crecido y han crecido conmigo. He descubierto que soy buena persona y que en ocasiones puedo llegar a no serlo tanto como pensaba. Pero sobre todo me he encontrado a mí misma y os he encontrado a vosotros. Todos los que me conocéis sabéis a quiénes me refiero. Estoy orgullosa de haberme convertido en lo que soy y de que vosotros estéis a mi lado vigilando que no me desvíe más de la cuenta. He sobrevivido y ahora disfruto de la vida.

Y todo esto viene a cuento, porque al descubrir que tienes 24 años he comprendido que aún te quedan un millón de cosas por experimentar. Experiencias por las que yo ya he pasado y que ahora te toca disfrutar a ti, y eso yo no lo puedo cambiar. Tienes que encontrar tu camino y éste no tiene porqué ser el mío. Así que no me entrometeré ni te molestaré. Dejaré que hagas TODO lo que quieres y te has propuesto hacer y que lo consigas. Y cuando eso pase, si te apetece, ya sabes dónde estoy.

Yo me subí a un pino verde
por ver si la divisaba,
y sólo divisé el polvo
del coche que la llevabaAnda jaleo, jaleo;
ya se acabó el alboroto
y ahora empieza el tiroteo.En la calle de los muros
mataron a una paloma.
Yo cortaré con mis manos
las flores de su corona.

Anda jaleo, jaleo;
ya se acabó el alboroto
y ahora empieza el tiroteo.

No salgas, paloma, al campo,
mira que soy cazador,
y si te tiro y te mato
para mi será el dolor,
para mi será el quebranto.

Anda jaleo, jaleo;
ya se acabó el alboroto
y ahora empieza el tiroteo.

FEDERICO GARCÍA LORCA

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