DES-CON-SUELO

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No podía hacer nada por ella. Llevaba 40 minutos llorando desconsoladamente sin que yo pudiera hacer otra cosa más que fumarme un cigarro mientras la miraba fijamente, sentada desde una distancia lo suficientemente cercana para que me sintiera ahí, y lo suficientemente lejana para no agobiarla.

– Venga Equis, para un poco- le dije inclinándome suavemente hacia adelante- respira profundamente y bebe agua a ver si se te pasa.

Ella ni siquiera podía sacar la cara del pañuelo al que llevaba aferrada desde hacía un buen rato. Intentaba asomarse por encima permitiéndome ver los ojos hinchados casi cerrados y balbuceaba algo, pero inmediatamente le daba otro ataque de llantina y volvíamos a empezar.

Me encendí otro cigarro.

La observaba detenidamente y era como si me estuviera viendo a mí misma hacía unos meses (o hacía unos años). Débil, hundida, enamorada de su tristeza y de su fracaso. Regocijándose en su mierda. Equis acababa de enterarse de que Zeta se estaba tirando a otra(s). Acababa de comprender que cuando Zeta le decía que no quería estar con ella porque prefería ir a su aire, era eso exactamente lo que quería decir, sin rodeos ni dobleces. Ahora era una realidad. Zeta no quería estar con ella y eso era un eco que retumbaba constantemente en la cabeza de Equis materializándose en forma de cuernos.

Yo conocía perfectamente esa sensación aunque era curioso experimentarlo desde fuera, en tercera persona, sin que me afectara directamente. Pero entendía tanto lo que sentía que me angustiaba verla, porque sabía que no había nada que yo pudiera hacer o decir para que se encontrara mejor. Ese dolor en el corazón, como si te hubiera dado un puñetazo en el pecho el mismísimo Silvestre Stalone, era casi insoportable. Esa palpitación constante que no te deja respirar y te ahoga en ti misma y en tu pena. Ese sentir que no puedes seguir. Ese vacío.

Por otro lado, lo cierto es que no podía culpar de todo tampoco a Zeta. Sería un poco injusta si lo hiciera porque sé lo complicado que es estar con una persona como Equis, que venera el dramatismo pero hace apología de la felicidad. Montañas rusas con patas que un día hacen que roces el cielo con la punta de los dedos, y al minuto siguiente consiguen que desaparezca todo ápice de alegría y paz de tu vida. Que trastocan tu estabilidad porque ellas no tienen absolutamente ninguna (por aburrimiento, desmotivación o simplemente por insatisfacción).  Sé que estar con alguien así no es fácil, porque yo he sido una de esas personas.

Peeeeeero, cierto es también que este estado de desequilibrio de Equis se debe precisamente a que Zeta le recordaba una y otra vez su fobia al compromiso, su afán de libertad y en definitiva su gilipollez integral y su caradura. Es curioso que, cuando eres del “tipo Equis” te fijas en “personas Zeta”, manipuladoras y de apariencia fuerte. Ególatras dominantes que carecen de autoestima y emociones, pero que en realidad no ven más allá de sus narices. Se quedan en un reflejo distorsionado de ellos mismos contemplando como los demás viven la vida que ellos quieren llevar. Y al final, nunca salen del bucle que generan .

El caso es, que desde el principio se palpaba la tragedia. Se podía oler el tufillo de la muerte desde que se sonrieron por primera vez en aquel concierto y Equis se giró hacia mí emocionada porque Zeta le había devuelto la sonrisa. Y nos da lo mismo quien tenga la culpa de llegar hasta este punto, porque es casi igual de imposible de saber como el “qué fue antes: el huevo o la gallina”.

Por fin Equis paró de llorar. Sorbió los últimos mocos y respiró hondo. Levantó la cabeza y me miró fijamente.

-Supongo que los extremos nunca fueron buenos- me soltó mientras se levantaba y cogía su abrigo- vamos a emborracharnos y a tomar por culo todo- sentenció.

Y yo, como buena amiga, obedecí.

P.D.Opinión: No perdamos el tiempo con gente que no busca lo mismo que nosotros, que sólo nos saca lo malo o que no nos hace sonreír y disfrutar de la vida. No nos obcequemos en hacer funcionar un Mac con piezas de un PC, porque así no vamos a ningún lado. Vivamos amando y sintiéndonos amados. Vivamos FELICES, coño, que sólo tenemos una oportunidad.

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